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maldoror

El falso poeta

La escritora le dijo que era “uno de los poetas más enérgicos de su generación”. Él no sabía qué intentaba decir. No se consideraba enérgico, ni siquiera recordaba la palabra y demás esta decir que no se aceptaba como poeta, sino como un simple desconocido. En ese momento su concentración se melló y admiró la belleza de la escritora, ella se fue en medio del humo de un cigarro por la mitad, él se quedo con su amigo, mientras veía como esas piernas perfectas se alejaban de su espacio. No sabía donde estaba su arte, ni el por qué de su importancia. Últimamente solo cavilaba acerca de la belleza de las mujeres, sus olores, sus exquisitos y variables sabores (jamás dos labios se sentían iguales) y el deleite siempre bien recibido del roce. Seguía con su amigo, el cantor del sur, y una chica de vida bohemia se acercó. El amigo simplemente sale, no sólo del sitio, sino también de la historia. La chica, casi desconocida, unida al falso poeta solamente por el sexo, le dice: “solo soy un juguete para tu placer”. Él como el más puro chauvinista se alegra. Había esperado toda su vida una frase como esa. Visiblemente enojada la chica sale, no sólo de la historia, sino también de su vida. Él, en medio de la modorra, entre lienzos de fracaso, pensaba en las mujeres, en sus fantasías que eran clichés gastados de lujurias antiguas, de hombres derrotados. Y con su natural cansancio, con su incapacidad de mover un solo dedo para escribir, no por falta de ganas, sino de creatividad y como, en medio de la caída, alguien lo consideraba “un poeta enérgico”. Era menos que eso. Al irse le pidió el teléfono a una de esas jóvenes aspirantes a artista que se impresionan con los escritores publicados; no importa si el libro es una porquería, total no lo notan. Sabía que después de una charla sobre la poética de Rimbaud, se acostaría con ella. Y así fue. Le dejó un libro firmado y vagó por la noche, con aliento a tabaco piche, desasosiego en el alma y cansancio.
Al siguiente día sabía que tenía que sumergirse en un puesto público, alejado de cualquier pasión, refugiado en fantasías pobres con mujeres voluptuosas. Nunca la soledad fue tan notoria y su vida tan poco enérgica.

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